Microrrelatos
Aquí encontrarás algunos microrrelatos, para cuando prefieras una lectura breve
Día de verano
Mi memoria vuelve a ese perezoso día de verano. Ni siquiera puedo recordar si pasó de verdad, tal y como lo reproduce mi mente, o si se trata de un simple fruto de mi imaginación y de pedacitos de otros recuerdos. Pero veo hierba y bosque, veo flores y oigo a los pájaros y la risa de mis hermanos. Son muchos esos veranos perdidos, sepultados en el tiempo, intocables como solo pueden serlo los momentos en los que se fue verdaderamente feliz. Me veo a mí misma, una niña, arrodillada en la tierra junto a mi hermana. El aire huele a sol y a mar, y el viento se hace notar entre las hojas de los árboles, con ese siseo tan característico suyo. Hay juguetes a la sombra de una caravana, y libros sobre una mesa plegable. Pero el cuadro no está completo, no del todo, y nunca lo estará. Los recuerdos van y vienen a su antojo, nunca todos a la vez. Y nunca se quedan durante el tiempo suficiente.
Mártir
Después de unas cuantas veces casi te insensibilizas. Parece justo, supongo, soportar cierta cantidad de dolor y pena en vida, si tras la muerte irás al cielo. Que osadía ser mujer y exigir felicidad en ambos mundos, si aún debemos pagar por el pecado original. Él, imbuido por la automática sensación de superioridad que caracteriza al hombre, nunca tuvo ninguna duda de que se trataba de la víctima, y yo del verdugo. Tal vez fuera verdad, y los golpes e insultos siempre hayan sido una obvia e íntegra consecuencia de una boca demasiado grande o una lengua demasiado afilada. Sin embargo, la parte de mí que aún conservo, erguida y desafiante en algún oscuro rincón, se niega a aceptar que iré al infierno si me decanto por la supervivencia. No tengo por qué sufrir y renunciar a mi vida. No quiero hacerlo. No soy una santa, y desde luego no seré una mártir.